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Psicología Adultos

Al llegar a la madurez, se cree que las personas deben adquirir su total equilibrio: están ya situadas afectiva y laboralmente, las grandes crisis de identidad han quedado como un recuerdo de juventud y el futuro se presenta estable. Este equilibrio, sin embargo, es con frecuencia sólo una ilusión.

Como cualquier otra época de la vida, la edad adulta está también llena de conflictos y problemas, a veces más intensos y angustiosos que nunca. Por ello, un adulto acude a consulta cuando ve que todos los intentos que él mismo ha hecho por mejorar, han fracasado.

Depresion

La Depresión es el trastorno mental que más incidencia tiene entre la población general. Afecta al 20% de la población, que la padecerá al menos una vez a lo largo de su vida. Además, marca una ruptura en el funcionamiento psicológico habitual de la persona y es más numeroso en mujeres que en hombres.

El vocablo depresión es utilizado con frecuencia, pero de manera errónea, para describir una sensación sentida por numerosas personas, “me siento triste” o estoy “depre”. Estas sensaciones suelen remitir rápidamente. Sin embargo, cuando un profesional diagnostica una depresión, sabe que esa persona está afectada de un trastorno grave (no es algo pasajero), que afecta no sólo a su estado de ánimo (tristeza, desesperanza, irritabilidad) sino también a ciertas funciones corporales, a la alimentación y el sueño. Es la persistencia y la severidad de estas sensaciones lo que distingue la depresión como un trastorno del ánimo, de esas variaciones pasajeras y normales. Además, hay que tener en cuenta que la depresión interfiere notablemente en la vida del individuo, en la capacidad de trabajar, de relacionarse socialmente y de disfrutar de su tiempo libre.

¿QUÉ SÍNTOMAS SON INDICATIVOS PARA ACUDIR AL PSICÓLOGO?

Apatía, pérdida de interés por las cosas

Tristeza, melancolía, ganas de llorar

Trastornos del sueño

Decaimiento, fatiga, cansancio

Culpa, pesimismo, desesperanza

Sentimiento de incomprensión y aislamiento

Baja autoestima, sentimientos de inutilidad

Aumento o disminución del peso

Bajo rendimiento de las funciones cognitivas superiores, dificultades de concentración

Ideación suicida

 

Depresion Post-Parto

La depresión postparto es una de las enfermedades más frecuentes tras el parto ya que afecta a una de cada diez parturientas. Surge en el primer mes tras el parto y si no se trata adecuadamente puede persistir durante meses e incluso años.

La depresión postparto consiste en el desarrollo de una depresión en la madre tras el nacimiento de su hijo. A veces, esta depresión puede tener una fácil explicación, bien porque el hijo no ha sido deseado o porque no es normal. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones la depresión parece no tener sentido: ” Deseaba tanto tener este hijo y ahora que lo tengo me siento completamente desdichada”, “¿Qué me está pasando?”, “El parto fue magnífico, mucho mejor de lo que esperaba, y todo el mundo se portó maravillosamente conmigo. Debería dar saltos de alegría”, Quizás no valgo para ser madre”.

Contrariamente a lo que se pensaba hasta ahora, la depresión posparto no afecta exclusivamente a las mujeres, sino también a los hombres. Cuando un hombre acaba de ser padre es normal que sufra cambios emocionales, especialmente si se trata de un padre primerizo cuyo estilo de vida cambia radicalmente con la llegada del bebé.

Investigaciones recientes indican que casi el 17% de los hombres pueden padecerla. Las causas pueden ser variadas como sentirse aislado debido a la atención que la mujer brinda al bebé, no sentirse capaz de cuidar al bebé adecuadamente, no cumplir con las exigencias sociales de su entorno o creerse incapaz de asumir la responsabilidad de su nuevo rol de padre.

A diferencia de las mujeres en las que las hormonas juegan un papel importante, la depresión postparto en los hombres depende de la situación social, emocional y económica en la que se encuentra el reciente papá. Los síntomas más habituales que puede ser una alerta son: alejamiento de la pareja, irritabilidad, intolerancia, insomnio, tristeza, refugio exagerado en los amigos, deporte, trabajo o incluso en el alcohol.

¿QUÉ SÍNTOMAS SON INDICATIVOS PARA ACUDIR AL PSICÓLOGO?

Tristeza, ganas de llorar

Irritabilidad

Fatiga

Trastornos del sueño (insomnio)

Perdida de apetito (disminución del peso)

Apatía, incapacidad para disfrutar

Desbordamiento

 

Estres

La respuesta de estrés es fruto de una activación fisiológica de nuestro organismo automática e involuntaria que se produce ante situaciones en las que existe una percepción de peligro para el individuo. Esta respuesta produce en nuestro organismo unos cambios fisiológicos, entre los que destacan un aumento de la presión arterial, aumento de la frecuencia cardíaca, aumento de la tensión en los músculos, aumento del riego sanguíneo al cerebro, aumento de la secreción de adrenalina, disminución del riego sanguíneo a la piel y al sistema gastrointestinal, entre otros. Dicha respuesta está diseñada para que nuestro cuerpo disponga de energía para hacer frente al peligro y por tanto no es problemática en sí misma.

El problema surge cuando esta repuesta de estrés se da con mucha frecuencia o durante tiempo prolongado. Es entonces cuando aparecen las consecuencias negativas del estrés. Se considera que una persona esta estresada cuando percibe muchas demandas a las que ha de enfrentarse y por tanto activa su organismo con mucha frecuencia, forzándolo en exceso y produciendo síntomas físicos y psicológicos.

¿QUÉ SÍNTOMAS SON INDICATIVOS PARA ACUDIR AL PSICÓLOGO?

Dolores de cabeza y espalda

Malas digestiones

Taquicardias

Dificultades de concentración y olvidos frecuentes

Mareos

Insomnio

Nerviosismo y preocupaciones

Irritabilidad

 

Ansiedad

La ansiedad se define como una reacción emocional ante un peligro o una amenaza percibida, ya sea imaginaria o real. Sentir ansiedad es algo habitual y no es perjudicial; ante una situación de alarma, el cuerpo nos prepara para la acción y se suceden una serie de cambios a nivel físico y psicológico. La mayoría de las personas la sienten antes o después de un acontecimiento estresante, por ejemplo: una exposición en público, un examen, una pérdida afectiva, un cambio de domicilio, la pérdida de un empleo, incluso una boda.

El problema aparece cuando la sensación de ansiedad toma una dimensión tal que limita al sujeto en sus actividades diarias. Se considera que la ansiedad es desadaptativa cuando es una respuesta de miedo intensa, acompañada de preocupación e inquietud que expresamos con respuestas fisiológicas (palpitaciones, respiración acelerada, sudoración…), cognitivas (preocupación, inseguridad, sensación de incapacidad, de pérdida de control…) y conductual (paralización motora, hiperactividad, conductas de evitación…).

Tipos:

Trastorno de ansiedad por separación

Miedos y fobias

Trastorno de ansiedad generalizada

Trastorno obsesivo-compulsivo

Trastorno de estrés post-traumático

Trastorno de angustia

¿QUÉ SÍNTOMAS SON INDICATIVOS PARA ACUDIR AL PSICÓLOGO?

Preocupaciones excesivas sobre acontecimientos temidos que no es probable que ocurran

Incapacidad de parar sus pensamientos ansiógenos

Sentimiento de inquietud constante

Agitación e incapacidad de relajarse; fatiga

Dificultades para conciliar el sueño

Dificultades de concentración

Irritabilidad, sobresalto, cambios bruscos de humor, agresividad, inestabilidad emocional

Síntomas físicos: falta de energía, temblor, tensión muscular, problemas intestinales, dolores de cabeza, sudoración, sofocos, mareos, náuseas, visión borrosa, desmayos

 

Problemas de Pareja

La pareja es la relación humana de la que más esperamos en nuestra vida. De ella, lo esperamos todo: que nos haga feliz, que nos comprenda, que llene nuestra sensación de vacío, que nos aporte estabilidad… pero a veces esta expectativa se ve frustrada pasado un tiempo. Surge la sensación de incomunicación, de incomprensión, de desinterés.

La pareja es una relación que evoluciona, a la vez que lo hacen sus miembros, cambian las expectativas, las circunstancias de la vida, se incrementan las responsabilidades. Pero estos cambios no siempre son a la par en el hombre y la mujer, y pueden producir crisis, sensación de agotamiento, e incomprensión, que se traducen en una comunicación menos fluida.

Muchas parejas pasan por momentos difíciles que pueden acabar rompiendo la relación de pareja. Los motivos que llevan a una pareja al conflicto son muy diversos y complejos. En ocasiones existe un claro detonante, como una infidelidad o celos, y en otras se trata de un deterioro en la relación que no consiguen entender los propios miembros de la pareja.

Un experto en terapia de pareja ofrece apoyo e interviene para explicar las causas que han llevado a la pareja a la situación actual, detecta los patrones destructivos que se han establecido dentro de la pareja y propone pautas, ejercicios y negociaciones para llegar a una solución de los problemas estable y romper las barreras que bloquean la relación.

¿Nuestros problemas son lo suficientemente graves como para pedir ayuda? Las parejas tienden a subestimar la gravedad de sus problemas. Pensar que la pareja no funciona es algo tan difícil de asumir que preferimos ignorarlo. Solemos engañarnos atribuyendo las dificultades de pareja a cambios propios de las etapas por las que pasan las parejas a lo largo del tiempo. Cuando los conflictos de pareja dejan de ser aislados, buscar ayuda profesional es la forma más adecuada e inteligente de enfrentarse a ellos. Cuanto antes consulte con un psicólogo experto, más fácil será retomar el bienestar.

¿Buscar ayuda para un problema de pareja significa que la relación está terminada? No. Algunas personas temen que la búsqueda de ayuda sea un signo de fracaso. Es mejor buscar ayuda al inicio de la problemática que esperar a que las dificultades sean demasiado graves. El resultado de una terapia de pareja depende de muchos factores pero hay dos aspectos muy importantes a tener en cuenta: lo motivados que están los miembros de la pareja para trabajar en el problema y lo importante que es para ambos la propia relación.

 

¿Como le explico a mi hijo...

Mi divorcio?

El divorcio concluye el matrimonio, es decir, pone fin al vínculo de una pareja pero no pone fin a la familia. Tus hijos siempre serán tus hijos, y vuestro divorcio tendrá consecuencias a largo plazo para ellos.

Una de las conversaciones más difíciles que cualquier padre tiene es contarles a sus hijos acerca de su próximo divorcio. ¿Cuándo se lo digo? ¿Qué le digo? ¿Cómo se lo digo? ¿Deberíamos decírselo juntos? ¿Cómo se explica a un niño que la vida que ha conocido, la comodidad que ha sentido en su ambiente familiar, está por interrumpirse —cambiar —para siempre? ¿Cómo se dice a un niño que nada de esto es por su culpa? ¿Cómo le aseguras que la vida sigue adelante, que estará seguro, cuidado y amado, aun después del divorcio de sus padres?

Que es adoptado?

En la decisión de adoptar, siempre se tiene en cuenta que habrá que explicarle al pequeño, en algún momento de su vida, que sus padres biológicos son otros. Es tal vez el aspecto más problemático de la adopción, porque viene cargado de miedo y de inseguridades.

¿Qué miedos? Muchos padres adoptivos tienen miedo de herir a su hijo al contarle la verdad. No quieren que se sienta poco deseado, porque ellos sí son conscientes de que su hijo ha sido totalmente deseado, y ha sido fuente de muchísimas alegrías en la familia.

Es normal que las familias que han elegido la opción de tener a sus hijos a través de la adopción legal, tarde o temprano se planteen inevitables cuestiones, tales como: ¿Debería decirle a mi hijo que es adoptado? ¿Cómo empiezo? ¿Cuándo es el momento adecuado para contarle la historia de su adopción? Y lo más importante, ¿qué palabras utilizar para esta difícil tarea? ¿Qué pasa si mi hijo se desconcierta? ¿Qué pasa si digo algo equivocado? ¿A qué edad debo empezar?

 

Terapia del Cuidador

No es raro que los cuidadores sean víctimas de una depresión leve o incluso más grave, como resultado de las exigencias permanentes de cuidar a un ser querido enfermo.

Las labores del cuidado propiamente dicho no provocan depresión, ni todos los cuidadores experimentarán los sentimientos negativos que se asocian con la depresión. De todos modos, al esforzarse por darle el mejor cuidado posible a un familiar o amigo, los cuidadores muchas veces sacrifican sus propias necesidades físicas y emocionales. Además, las vivencias emocionales y físicas del cuidado pueden llevar a una situación límite, incluso a las personas más capaces. Los sentimientos resultantes de ira, ansiedad, tristeza, aislamiento, agotamiento—y también la sensación de culpa por albergar esos sentimientos—pueden ser una carga muy pesada.

Todas las personas tienen en algún momento sentimientos negativos que surgen y desaparecen con el tiempo, pero cuando esos sentimientos cobran una mayor intensidad y hacen que los cuidadores se sientan totalmente fatigados, que lloren con frecuencia o que se enojen fácilmente con su ser querido o con otras personas, pueden ser una señal de advertencia de la depresión.

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